Françoise Mézières y su «descubrimiento»

La primera vez que oí hablar de Françoise Mézières fue a través de Thérèse Bertherat, en su libro El cuerpo tiene sus razones (Cap. 5). Bertherat nos transmite su espanto ante la violenta escena: varios profesionales, con ayuda de una máquina (llena de correas, manecillas y demás) intentan corregir la escoliosis de un niño de 7-8 años totalmente asustado, cosificado. Comienza: «abandoné la sala, temblorosa yo también, convencida de la vanidad y la crueldad de los métodos que me había esforzado por emprender»; y cómo entonces una mujer alta se le acerca y comenta:

—Resulta diabólico, ¿verdad? Felizmente, no es la única solución.
—¿Cómo dice?
—Que felizmente existe el método Méziéres.
—No lo conozco.
—Claro está que no lo conoce. No será en la escuela donde se lo enseñen. El método de Françoise Méziéres está en absoluta contradicción con todo lo que se enseña, aquí. Se opone a todas las ideas sobre la salud y la enfermedad, a todas las técnicas que se ha decidido oficializar para siempre. Aceptar a Francoise Méziéres supone rechazar las bases de la gimnasia médica tal como se practica actualmente. Decir «sí» a Méziéres significa decir «sí» a la revolución. Así que imagínese…
—Pero si ese método es valedero…
—Eso es lo más terrible. Nadie, ningún especialista ha conseguido nunca refutar su descubrimiento ni el método que se deduce de él. Los que se han dignado leer sus obras se han descubierto ante ellas con una mano y le han dado con la puerta en las narices con la otra. Es muy grave. Resulta sintomático, no sólo de la situación actual de la medicina, sino de la manera en que reglamentan nuestras vidas los que ostentan el poder en todos los sentidos. Hoy día, los únicos que pueden permitirse aceptar el método Méziéres, los únicos para los que es «rentable», son los calificados como incurables, los enfermos cuyo estado se ha agravado a causa de tratamientos inadecuados, represivos, inhumanos…

Con ella llegó la revolución. Bertherat tuvo ocasión de formarse con ella, relata su encuentro y lo esencial de su descubrimiento: «al eliminar la incurvación de un segmento de la columna vertebral, se la desplaza a otro segmento. Por ejemplo, corrigiendo la curvatura de las vértebras lumbares se hunde la nuca, y viceversa». Por eso «es absolutamente necesario considerar y tratar el cuerpo como una unidad, tomando en cuenta no una multitud de síntomas, sino la única causa de sus deformaciones: el acortamiento de toda la musculatura posterior, efecto inevitable de los movimientos cotidianos del cuerpo«.

Se atrevió a observar, cuestionar(se) y finalmente refutar todo lo que le habían enseñado. Trabajó incansable experimentando y creando su propio método (con personas a menudo deshauciadas por la medicina oficial) y sentó las bases de otro tipo de abordaje corporal. A ella le debemos el concepto de cadenas musculares (1947: ver tesis), y además de la probada eficacia terapéutica, su método tiene una clara vocación educativa y preventiva.

A la «observación princeps» o inicial (de 1947, perfectamente narrada en el artículo abajo de M. Nisand), siguieron varias leyes que enumeró en 1984 de la siguiente manera:

  • 1ª ley: los numerosos músculos dorsales se comportan como un solo y mismo músculo.
  • 2ª ley: estos músculos son demasiado fuertes y demasiado cortos.
  • 3ª ley: cualquier acción localizada, tanto estiramiento como contracción, provoca instantáneamente el aortamiento del conjunto del sistema.
  • 4ª ley: una oposición a este acortamiento provoca de forma instantánea lateroflexiones y rotaciones de la columna y de los miembros.
  • 5ª ley: la rotación de los miembros debido al acortamiento de las cadenas se efectúa siempre en rotación interna.
  • 6ª ley: cualquier elongación, torsión, dolor o cualquier esfuerzo implica instantáneamente el bloqueo respiratorio en inspiración.

La lectura corresponde a un capítulo dedicado a ella en el libro de Michel Fréres y M. B. Mairlot, titulado Maestros y claves de la postura (Ed. Paidotribo, 2000). Lamentablemente está agotado a fecha de hoy [junio 2020: ref1, ref2], así que como dispongo de un ejemplar en casa, leo en voz alta para compartir. Además aquí dejo también extracto de una entrevista en la televisión (Quebec principios de los 80: parte 1 · parte 2):

¿Qué pasaría si te pones un abrigo dos tallas más pequeño, bien abrochado?¿A que no podrías estirar bien los brazos, te limitaría el movimiento? Podrías solucionarlo comprándote otro más grande, pero con el cuerpo no podemos hacer tal «cambiazo». Afortunadamente el tejido corporal es flexible y podemos trabajar para estirarlo (lo que solemos decir de «planchar el traje»).

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Referencias:

M. Nisand: «Método Mézières«. En: EMC – Kinesiterapia – Medicina Física, vol. 31, n. 2 (2010), pp. 1-16. [PDF, 1’28 Mb]


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1 comentario en “Françoise Mézières y su «descubrimiento»”

  1. Menuda semblanza hacen de «la francesa» en este artículo de hoy en El País…. Que sí, reconocen el valor de su teoría (que la ciencia está empezando a aceptar) pero no saben si la aceptarían en los congresos científicos hoy en día. No sé por qué me da que ella también diría «tururú» a asistir, pero en fin. Hoy en día se ve de todo bajo el nombre «estiramientos de cadenas musculares», en YouTube ni te cuento: https://elpais.com/buenavida/2020-06-16/cadenas-musculares-por-que-trabajar-los-musculos-uno-a-uno-no-es-la-mejor-estrategia.html

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